Los gatos arruñan mi puerta a eso de las 7:00am cada mañana. Luego de varios "¡Julia, puñeta basta!" Me levanto y con un ojo abierto y otro cerrau me dirijo al closet donde guardo los candungos de comida para gatos, lleno en vaso hasta arriba y luego malabareo para servir a cada uno de los gatos, son 3. Julia es la que usualmente comanda la misión de desayuno, pero Bati y Lucero le hacen coro con entusiasmo. Es mucho más rutina que hambre, pero finalmente se jampean sus platos a mitad y puedo proseguir a dormir al menos dos horas más. Es octubre 25 del año 2017, o sea que van 35 días desde el paso del devastador Huracán María, que ha dejau a Puerto Rico sin agua, sin luz, sin techos, sin trabajo, sin ganas, sin paciencia, sin dinero y hasta sin gente. Es terrible despertar tan temprano en tiempos como estos. Los días se hacen tres mil veces más largos y además no hay dinero para comer 3 veces al día. Dormir para aplacar el hambre no es una opción pues terminarías con la cama toa sudá y el cuerpo lleno de picadas de mosquito, dios libre que te de dengue o zika, porque los hospitales son tierra de nadie y además eso implica, sip, ya tu sabes, gastar dinero.